Nuestra sociedad vive sumida en un ambiente obesogénico perjudicial para nuestro futuro
Septiembre 7th, 2017 by miguelfit

Cada vez que aparece un estudio en el que se analiza el tema del sobrepeso y la obesidad infantil, los nutricionistas se echan a llorar. Por más que se intenta educar e inculcar unos hábitos de vida saludables, las cifras se disparan año tras año. En España, rozamos ya el 45% de obesidad infantil. ¡¡¡Un 45%!!!.

Y no es cuestión de buscar un único culpable, pues la culpa debe repartirse entre las familias, la industria alimentaria y publicitaria, las autoridades sanitarias y los establecimientos comerciales.

En España, sobrepeso y obesidad infantil no dejan de crecer

El modelo de sociedad, origen del problema

El origen de nuestro problema es, sin ninguna duda, el modelo de sociedad que entre todos hemos contribuido a crear: una sociedad en la que a los niños se les premia con dulces, bollería y refrescos “si se portan bien” (dejando a un lado que estas acciones contribuyan a crear conductas más o menos caprichosas), una sociedad en la que los niños pasan más tiempo jugando a la consola o viendo la televisión que realizando actividad física, una sociedad en la que la alimentación de los más pequeños es un fiel reflejo de la de sus padres… Y el resultado, como hemos mencionado al comienzo del artículo, es ni más ni menos que un terrible 45% de obesidad infantil (niños de hasta 9 años).

Para entender la repercusión que tiene en la etapa adulta tener obesidad infantil, recomiendo que leáis el SIGUIENTE ARTÍCULO que publiqué en la web Atopedegym en el que hablo sobre la hiperplasia adipocitaria y sus efectos.

Nutrición y televisión, una peligrosa combinación

Programas de nutrición: de mito en mito

Últimamente no dejan de emitirse en televisión programas en los que se habla de nutrición pero, curiosamente, en los que apenas consultan a especialistas en dicho campo. Prefieren llevar a pediatras (con mayor o menor perímetro abdominal) para que hablen de la nutrición infantil y suelten los mitos de turno (pero oye, que como ese tío es doctor y sale en la tele, no va a mentir, ¿verdad?).

Pues es lo que ocurrió ayer, sin ir más lejos, con el programa de turno de Alberto Chicote (que parece que ahora le ha dado por hablar de nutrición que, viendo su aspecto físico, se le da bastante bien). Ni más ni menos, entre las muchas perlas que dejaron caer en el programa, nuestro querido y maravilloso pediatra (nótese el tono de sarcasmo), decía que la ingesta máxima recomendada de huevos a la semana era de 2 unidades. Pero al mismo tiempo nos estaba poniendo como recomendado consumir pan TODOS los días. Facepalm.

Muchos os preguntaréis: ¿Y dónde están los profesionales? Pues seguramente estarán tirándose de los pelos o cortándose las venas de la cantidad de burradas que se dicen en televisión y que no hacen otra cosa que confundir y engañar a los consumidores, además de poner cada vez más trabas a su trabajo que, en este caso, sí que está enfocado a la salud de las personas.

Las ofertas en bollería y ultraprocesados son algo demasiado habitual

La pescadilla que se muerde la cola: oferta y demanda

Cuando un producto se vende u oferta, es porque existe una demanda del mismo. Si dicho producto es perjudicial para las personas (imaginemos el caso del tabaco), ¿de quién será la culpa de que exista dicha oferta: del vendedor o del comprador?. Lo pensamos, lo meditamos, buscamos la respuesta… Y no damos con ella porque es la pescadilla que se muerde la cola: hay oferta porque hay demanda y hay demanda porque hay oferta. Y en el momento que decidamos eliminar una de las dos partes implicada, problema resuelto. Ahora bien, debemos asumir que la oferta seguirá existiendo porque el vendedor quiere beneficios, por lo que el camino más sencillo para eliminar el problema sería borrar la demanda de dicho producto.

¿Qué quiere decir esto? Sencillo: que somos nosotros los consumidores los que hemos creado una parte del problema con nuestra demanda de ciertos productos (me niego a llamarlos alimentos o comida) que inundan escaparates, estanterías y neveras por toda España, y es por ello que en nuestras manos está empezar a invertir la situación, por ejemplo, cambiando la bollería que compramos en el establecimiento de turno por piezas de fruta. Un cambio sencillo y que ya nos reportará enormes beneficios a nivel de salud.

Supuesta regulación de la publicidad dirigida a niños

No hay más ciego que el que no quiere ver: las autoridades sanitarias

Pero si nosotros somos responsable de la demanda, no es menos cierto que son las autoridades sanitarias quienes permiten que la oferta llegue a nuestras manos. Tanto que se hartan de decirnos que debemos tener hábitos de vida saludables, que debemos realizar actividad física, que usemos escaleras en vez de ascensor, que no fumemos, que no bebamos alcohol o lo hagamos con moderación (está demostrado que el alcohol es perjudicial sea cual sea su consumo)… y al mismo tiempo están permitiendo que exista una oferta de productos cargados de azúcares, sal y grasas que hacen que ese casi 45% de obesidad infantil no tenga visos de disminuir, más bien al contrario.

En su momento se creo el Código PAOS para controlar la publicidad que reciben los niños, pero por desgracia adherirse a dicho código es algo de carácter voluntario y su normativa es tan sólo de carácter recomendativo, por lo que la diferencia entre no adherirse o hacerlo e incumplir las normas es casi inexistente. Y para comprobar que dichas medidas no han servido absolutamente de nada, no tenemos más que sentarnos un día a ver la televisión y observar la cantidad de publicidad dirigida a niños de estos productos. O caminar por cualquier establecimiento comercial (en especial ahora con la vuelta al cole y las ofertas de donuts, bollería, chocolates…).

Al final, industria y sanidad persiguen lo mismo: beneficio económico

La industria alimentaria: amiga de nuestra economía, enemiga de nuestra salud

La industria alimentaria no persigue otra cosa que su propio beneficio económico, y para ello no duda en hacerse amiga de nuestros bolsillos mediante precios más o menos asequibles. Para ello, para minimizar costes y ofrecer un producto lo más barato posible, no duda en utilizar ingredientes de baja o nula aportación nutricional y atiborrarnos de grasas y azúcares para que nuestro cerebro pida cada vez más y más cantidad. En el SIGUIENTE ARTÍCULO hablo del azúcar como sustancia adictiva. Y ganándose a nuestro cerebro, la industria tiene ya todo ganado: anula nuestra voluntad para comprar uno u otro producto y se hace asequible para nuestra economía.

De hecho, si nos ponemos a investigar, podemos encontrar que numerosos altos cargos de las principales marcas de productos ultraprocesados (bollería, refrescos, chocolates, e etc…) se encuentran ligados de alguna manera a asociaciones y organizaciones alimentarias. Observar la imagen de más arriba cómo la asociación española de pediatría recomienda unas galletas que contienen la friolera del 21% de azúcar (y se supone que “trabajan juntos para la alimentación infantil”.

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